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Eres de Gran Valor
El Refugio Cristiano

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¡Eres de gran valor para él!

Por David Wilkerson
Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo, y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo. Me asaltaron en el día de mi quebranto, mas Jehová fue mi apoyo. Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí (Sal. 18:16-19).
En este Salmo, David estaba recordando el pasado después de una gran liberación. Él se regocijaba porque el Señor lo había rescatado de sus enemigos: Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos (verso 3).
Ciertamente, David terminaba de pasar por un tiempo de terrible prueba. Saúl había puesto un precio sobre su cabeza y lo había perseguido sin descanso, tanto así, que él estaba forzado a dormir en cuevas, guaridas, y campo abierto. David dijo de ese oscuro tiempo: Las penas del infierno me rodeaban, y vivía en angustia. Hombres impíos me infundían temor. Mis enemigos eran muy fuertes para mí. ¡Todos me odiaban!
Pero Dios vino rugiendo desde los cielos a liberar a David: Inclinó los cielos, y descendió... Tronó en los cielos Jehová... Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo... (versos 9, 13, 16-17).
Poderes diabólicos habían rodeado a David. El enemigo había entrado como un torrente. Sin embargo, David pudo decir: Dios vino rugiendo para sacarme del remolino. ¡Él me rescató de todos mis problemas! Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí. (verso 19).

¡El Espíritu Santo le dio una revelación a David que es la llave de toda liberación!

David pudo decir: la razón por cual Dios me libertó de todos mis enemigos--de todas mis penas y del poder del infierno--es porque soy de gran valor para él. ¡Mi Dios se agrada de mí!
Amado, si necesitas liberación--ya sea de lujuria, tentación o prueba; sea o no de problema mental, espiritual, emocional o físico--este verso es la llave para tu victoria. Y la llave es simplemente esto: ¡Dios se agrada de ti! ¡Tú eres de gran valor para él!
En Cantar de los Cantares, el Señor le dice a su novia: ¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso! (Cnt. 7:6). Tres de las palabras hebreas en este verso son sinónimas: hermosa (significa preciosa), suave (indicando placer), y deleitoso.
Estas palabras describen los pensamientos de Jesús hacia su novia mientras él la contempla. Él la mira y dice: ¡Cuán hermosa, dulce y deleitosa tú eres. ¡Eres preciosa para mí, oh amor! Y a su vez, la novia exclama: Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento. (verso 10). El significado aquí es el siguiente: ¡Él corre tras de mí con deleite. Él me persigue porque soy preciosa para él!
Estos mismos pensamientos se encuentran a través de los Salmos: Se complace Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia. (Sal. 147:11). Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación. (149:4).
Ahora bien, puedo tratar de convencerte de que Dios se deleita en ti diciéndote: ¡Tú eres de gran valor para el Señor! Sin embargo, sólo puedes pensar: Bueno, qué bonito pensamiento. Qué dulce.
Pero esta verdad es más que pensamiento bonito. Es la llave misma para tu liberación de cualquier batalla que hace estragos en tu alma. Es el secreto para entrar en el descanso que Dios te ha prometido. Y hasta que no eches mano de ella--hasta que se convierta en el fundamento de verdad en tu corazón--¡no podrás soportar lo que te espera en este tiempo maligno!
Isaías tuvo una revelación del gran deleite de Dios sobre nosotros. Él profetizó estas palabras del Señor a Israel:
...oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mio eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. (Is. 43:1-2).
Isaías no se estaba refiriendo literalmente a una inundación y a un fuego. Él se estaba refiriendo a lo que el pueblo estaba experimentando espiritual y mentalmente. En ese tiempo ellos estaban en cautiverio--y las aguas eran pruebas, y el fuego era tentaciones, sus ríos eran pruebas. La intención del diablo era destruir y abrumar al pueblo de Dios.
Las palabras de Isaías fueron un mensaje de pura misericordia para Israel. Estaban en cautiverio por su propia estupidez y necedad. Ellos no merecían nada. Pero Dios les envió un profeta llorando y con el corazón quebrantado el cual dijo: ¡Dios quiere que yo les diga que ustedes le pertenecen a él!
Ahora mismo, tú puedes estar pasando por un remolino. Te sentirás abrumado por una tentación que amenaza con encenderte y consumirte. Y temes que puedes ser consumido por eso.
Debes comprender de estos ejemplos bíblicos: Dios, no siempre calma las aguas. Él no evita que las inundaciones lleguen. Él no siempre apaga el fuego. Mas sin embargo, lo que él promete es esto: ¡Caminaré contigo en todo! Esta prueba o circunstancia no te va a destruir. No te quemará ni te ahogará. Así, que camina hacia adelante. ¡Saldrás al otro lado conmigo a tu lado!
Eso era todo lo que los tres jóvenes hebreos necesitaban escuchar. Cuando fueron echados al horno de fuego, un cuarto hombre estaba con ellos--¡Jesús! No se quemaron. En efecto, ni sus ropas y ni sus cabellos olían a humo. Amado, ¡este mismo tipo de liberación es la que Dios quiere traerte a ti!
¿Cuál es la motivación de Dios para querer liberarte? ¿Será porque has hecho algo para apaciguarlo? ¿Has aumentado tu tiempo de oración? ¿Pasas más tiempo leyendo las escrituras? ¿Has prometido no fallarle más? Isaías tuvo la verdadera revelación: Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé;...no temas, porque yo estoy contigo... (Is. 43:4-5).
Dios le estaba diciendo a Israel: Vas a pasar por fuego y aguas--pero voy a caminar contigo en todo. Y al final, te voy a liberar, ¡sencillamente porque eres mío! Te conozco por nombre. ¡Y eres un deleite para mi corazón!
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. (Ef. 2:8-9). Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia... (Is. 64:6).

Aunque llegaras a los quinientos años, ¡no podrás vivir suficiente tiempo para agradara Dios con tus obras!

No importa lo que hagas para limpiarte o purificarte a ti mismo. Si no confías en Jesús para salvarte a través de su gracia, toda tu justicia es como trapo de inmundicia a los ojos de Dios. Tu carne no es aceptada ante Dios; ni siquiera puede ser reformada. Toda obra de la carne fue deshecha en la cruz. Ahora un nuevo hombre está a la vista--el Cristo hombre. ¡Y la fe verdadera es confiar en lo que él hizo por ti!
Tú dirás: Puedo creer que Dios se deleita en pastores santos. Ellos oran y pasan mucho tiempo en la Palabra. Y puedo creer que los diáconos e intercesores son preciosos para él. Ellos han sobrepasado sufrimientos y pruebas, y han sido victoriosos."
Pero se me hace difícil creer que un cristiano turbado y con fallas como yo pueda ser precioso o de gran valor para Dios. Él debe estar asqueado de mí, porque mi vida es tan inestable. Tengo problemas que no puedo sobrepasar. Me siento como si estuviera en la casa de los perros. Oh, aún creo que él me ama. Pero, de seguro que el está desilusionado conmigo, ¡porque le he fallado tan a menudo!
Por favor entiende: la maravillosa profecía de gracia de Isaías fue dirigida a un pueblo que había sido robado, dañado, despojado, atrapado en hoyos o cavidades y echados en prisión--¡todo por su necedad e incredulidad! Fue a tal punto que Dios les dijo: Ahora--después de todos tus fracasos--vengo a ti con este mensaje de esperanza. ¡Y todo esto es porque eres mío!
Nunca olvidaré el dolor que pasé cuando uno de mis hijos adolescentes vino a mí y confesó: Papá, ni una sola vez he sentido como que te he agradado. Nunca me he sentido digno de tu amor. Siento como que toda mi vida te he defraudado. Debes sentirte muy desilusionado de mí. ¡Te he fallado tantas veces!
Esas palabras me hirieron. Abracé a esa criatura con un dolor profundo dentro de mí. Y pensé: ¡Cuán equivocado! Le he demostrado mi amor a esta criatura. Lo he expresado con palabras y lo he demostrado con hechos una y otra vez. Todos mis otros hijos se han sentido seguros de mi amor. ¿Cómo pudo esta criatura cargar con tal error por tanto tiempo, y llevar esta tristeza y culpa innecesaria?
Lloré mientras le dije a esta criatura: Pero siempre has sido especial para mí. ¡Has sido la niña de mis ojos! Cuando estoy dirigiendo campañas, pienso en ti y todo mi ser se ilumina. Claro que a veces has hecho cosas necias y equivocadas, igual que tus hermanos y tu hermana. ¡Pero fuiste perdonado! Estabas verdaderamente arrepentido, y nunca pensé mal de ti. Tú eres un gozo para mí. Me has hecho feliz toda tu vida. ¡Has sido un deleite para mí!
¡Lo mismo sucede con muchos cristianos en su relación con el Padre celestial! El diablo los ha convencido de que han desilusionado a Dios y que nunca podrán agradarle. Así que no aceptan su amor. En cambio, viven como si la ira de Dios estuviera sobre ellos. ¡Qué manera más horrible de vivir! Y como debe sufrir Dios al ver a sus hijos viviendo así.
Quizás fuiste criado en una familia sin afecto y cuidado. Quizás tu madre o tu padre o tus hermanos te hicieron sentir como si no tuvieras valor. Nunca te sentiste especial o de gran valor para alguien en particular. Nadie te abrazó y te dijo: ¡Te quiero! Eres especial para mí. ¡Estoy tan orgulloso de ti! ¿Cuántos niños han crecido queriendo ser especial para su padre o madre? ¿Y cuántos adultos luchan con el perfeccionismo porque ellos nunca se sintieron preciosos o un deleite para sus padres?
A través de los años he sido movido a lágrimas por las tristes historias de hombres y mujeres drogadictos. Muchos me han dicho que su madre o su padre los mofaban, gritándoles: No sirves para nada. No puedes hacer nada bien. ¡Nunca llegarás a nada en toda tu vida! Crecieron sintiéndose absolutamente sin valor, como si ellos no significaban nada para nadie.
Hoy, nuestras calles están llenas de niños que han huido de sus hogares porque han sido robados de todo sentido de valor. Sienten como que no son especiales o importantes para nadie. Así que se entregan a la primera persona en la calle que los hacen sentir un poco especial. Ofrecen sus cuerpos a los rufianes, hombres y mujeres gobernados por la lujuria, y a otros adolescentes--cualquiera que les haga pensar que tienen algún valor.
Oh, ¡gracias a Dios por Jesús! Para él, tú siempre has sido precioso, de valor. No importa que clase de vida hogareña tuviste, o cómo eran tus padres terrenales. Nada de eso se puede comparar con el amor de tu Padre celestial. Desde el día en que naciste, has sido especial para él!

...Y la mujer (ramera) caza la preciosa alma...(Proverbios 6:26)

La ramera mencionada en este verso es Satanás. ¡Él caza aquellos que son preciosos para Dios!
Existen ciertos niños que demuestran un hambre por Dios a temprana edad. Él Señor ha puesto su mano sobre ellos, y sienten ansias por él desde muy jóvenes. Yo creo que Satanás está decidido a cazar a cada criatura que es tocada con una confianza ingenua en el Señor. El diablo entiende el poder que hay detrás de tal preciosidad en los ojos de Dios. Él vio lo que sucedió con el pequeño Samuel. Él observó como el corazón de este joven se extendía hacia Dios. ¡Y él vio a Samuel crecer y convertirse en un poderoso profeta que conmovió su reino!
Ahora el diablo trata de seducir a todo aquel que está hambriento o siente ansias de Dios. ¿Por qué crees que estás siendo probado? ¿Por qué crees que has sufrido tantos ataques? Has tenido una vida de pruebas, pero no ha sido porque eres malo. No--es porque Satanás sabe cuán precioso eres ante los ojos de Dios. ¡Es la vida preciosa la que el persigue!
Varios años atrás, durante una cruzada evagelística en la costa oriental, conocí a un joven brujo. En efecto, el era el líder de un círculo de brujas. Aunque este joven estaba envuelto profundamente en las creencias ocultas, él no creía que Satanás o sus demonios podían tomar posesión de él.
Una noche mientras el trataba de dormir, él vio horribles caras satánicas arremolinarse en el techo de su habitación con miradas de lascivia. Comenzaron a unirse como una nube, y pronto formaron un embudo. ¡El joven se dio cuenta de que estaban a punto de entrar a su corazón!
Estaba petrificado, paralizado. Entonces recordó algo de su niñez. Así que clamó: ¡En el nombre de Jesús, fuera! Y todos los demonios desaparecieron.
La próxima noche, sin embargo, esas fuerzas reunieron una legión más poderosa. Mientras el joven se acostaba a dormir, él escuchó un rugir. Cuando miró hacia arriba, toda su habitación estaba llena de animales horribles y feos. Otra vez, habían formado un embudo. Esta vez el joven se puso de pies sobre su cama y gritó: ¡Clamo a la sangre de Jesús! Otra vez los demonios huyeron en confusión.
El joven pensó: La próxima vez que vengan, no podré manejarlo. Así que llamó a un cristiano que conocía y le pidió que lo acompañara a una de mis cruzadas.
Durante el servicio, el joven líder del círculo de brujas fue convencido por el Espíritu Santo y entregó su corazón al Señor. La noche siguiente, trajo una maleta llena de equipos satánicos al servicio. Él testificó que su familia tuvo un pasado en el ocultismo. Pero, dijo él: Recuerdo otra cosa. Cuando yo tenía como seis o siete años, yo tenía ansias por Jesús. No sé cómo ni por qué. Pero recuerdo claramente ir al bosque detrás de la casa y ¡predicar con todo mi corazón!
He visto este mismo deseo de Dios en mis hijos y nietos. Y yo tenía ese tipo de corazón cuando era niño. Así que yo sabía exactamente lo que este joven estaba diciendo.
De súbito, una luz se encendió en mí--y supe por qué el diablo había tratado de poseer y destruir a este joven. Fue por lo precioso que era para Dios. ¡La ramera lo había cazado!

La Biblia nos ofrece una ilustración gráfica de cómo Satanás trata de engañarnos y destruirnos todo porque somos preciosos ante los ojos de Dios!

Esta ilustración aparece en Números 13-14. Israel envió doce espías a la tierra prometida. Cuando estos espías regresaron después de cuarenta días, ellos sembraron tres mentiras en el corazón del pueblo de Dios. Las tres mentiras fueron:
1. Hay demasiada gente en la tierra. ¡Y ellos son más fuertes que nosotros!
2. Las murallas son muy altas en la ciudad. ¡Las fortalezas son impenetrables!
3. Hay gigantes en la tierra, y no somos partido para ellos. ¡Somos impotentes, estamos vencidos!
Estas mentiras le quitaron las fuerzas a Israel--y el pueblo pasó una noche de desesperación: Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. (Núm. 14:1). ¿Puedes imaginarte esta escena? Piensa cómo debe haber sonado. Más de dos millones de personas llorando, lamentándose, y gimiendo--completamente concentrados en su incapacidad. El sonido de esos lamentos de incredulidad bombardearon el cielo.
Amado, mira esta escena atenta y profundamente. ¡Es posible que te veas a ti mismo en medio de ella! ¿Alguna vez has pasado una noche como esa--lamentándote y gimiendo a causa de las mentiras satánicas que fueron sembradas en tu espíritu? ¿Alguna vez has clamado a Dios: ¡Me rindo--No soporto más! Esta prueba es demasiado. Existen fortalezas en mí que nunca caerán. Todo ha terminado para mí ahora--nunca venceré. ¡Perdí la batalla!
El diablo lanza estas mismas tres mentiras a todo el pueblo de Dios: Tus tentaciones son muy numerosas. Tus codicias son muy abrumantes. ¡Eres muy débil para resistir la fuerza que viene contra ti!
La palabra que Dios habló a Israel y es para nosotros también: ...vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. (Ex. 19:5). Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra. (Dt. 14:2).
Estoy seguro que Israel se sintió precioso y especial para el Señor cuando primero los salvó. Después que él los libertó de la esclavitud en Egipto, abrió el Mar Rojo y los rescató del ejército de Faraón, debieron decir: Mira los grandes milagros que Dios ha hecho por nosotros. ¡Verdaderamente, él nos ama!
Y muchos cristianos dirían lo mismo de su Salvador y Señor: Oh, sí--Dios me salvó del pecado. Mira todo de lo que él me libertó. ¡Debo ser especial para él!
Mi pregunta es: ¿Qué pasó? En pocos años, muchos cristianos se convierten en Israel. Todos los problemas y pruebas de la vida caen sobre ellos, y piensan: Una vez fuimos preciosos a los ojos de Dios--claro está, sólo para salvarnos. Pero ahora, después de servirle estos años, no somos más que saltamontes. ¡Somos comida para nuestros enemigos!
Tales creyentes derrotados no sienten el deleite de Dios sobre ellos. En efecto, ¡muchos creen que Dios los ha abandonado! Cuando Israel dijo: Somos saltamontes a los ojos de los gigantes, ellos estaban diciendo: Dios nos ha tratado como insectos indefensos que van a ser pisados. Nuestro enemigo nos va aplastar en tierra. ¡Somos como los saltamontes!


¡Josué y Caleb poseían un espíritu distinto!

Josué y Caleb estaban entre los doce espías que fueron enviados. Pero ellos regresaron llenos de esperanza. Ellos no derramaron lágrimas, lamentándose de su condición. Al contrario, ellos se regocijaron después de espiar la tierra. ¡Ellos estaban llenos de fe y visión!
¿Conoces algún cristiano en esta situación? Siempre se están regocijando. Sabes que están pasando pruebas atroces. Sin embargo, parece que saben como alcanzar a Dios en medio de la situación.
Sin embargo, ¿y tú? ¿Siempre estás deprimido? ¿Siempre quejándote? Quizás tus problemas personales y familiares han tomado posesión de ti y han carcomido tu alma. Querido santo, no importa lo que estés pasando; tú eres precioso para Dios. Y si vienes a él con un corazón arrepentido y un alma hambrienta, ¡él te dará su visión y esperanza!
Josué y Caleb tuvieron una revelación de su preciosidad a los ojos de Dios. Y ellos sabían que Israel era precioso para el Señor. Esa es la llave de un espíritu victorioso y lleno de esperanza. Josué dijo: Si Jehová se agradare de nosotros, el nos llevará a esta tierra, y nos la entregará... (Núm. 14:8). En otras palabras: Porque él se deleita en nosotros, ¡podemos decir que ya estamos en la tierra!
Esta es la misma revelación que tuvo David: Él me sacó y me libertó--¡porque soy su deleite! De igual manera, todo cristiano victorioso tiene esta misma revelación del amante Padre celestial: ¡No podemos fallar! Todos nuestros enemigos son carne para nosotros, porque somos preciosos para el Señor. ¡Él se deleita en nosotros!
Déjame revelarte la gran misericordia de Dios en la predicación sobre Josué y Caleb. Israel había pasado la noche en rebeldía--revolcándose en incredulidad, llorando como si Dios los hubiese abandonado, y finalmente nombrando un capitán para que los guiara nuevamente a Egipto. Sin embargo, el Señor les envió a Josué y Caleb. Y ellos les dijeron al pueblo: A pesar de su noche de confusión--a pesar de su miseria y quejas--Dios se deleita en ustedes. Él los llevará hacia delante. No teman--¡porque ustedes son un deleite para él!
Sin embargo, también existe una advertencia. Como puedes ver, Israel rehusó creer el mensaje de Dios acerca de cuán valiosos ellos eran ante sus ojos. En cambio, prefirieron concentrarse en su condición--sus problemas, sus debilidades e incapacidades. Y se rindieron a sus temores.
Finalmente, Dios perdió la paciencia con ellos. Él le dijo a Israel: ...¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré... y los destruiré... (14:11-12).
El Señor perdonó a Israel a causa de Moisés. Pero no les fue permitido entrar a la tierra prometida. En cambio, se les asignó una existencia en el desierto--una vida entregada a un temor constante y dudas destructoras. Fueron perdonados, ¡pero fueron miserables! Perdieron la esperanza, el descanso y la paz que recibimos cuando aceptamos y creemos cuán especiales los hijos de Dios son para él.
Amado, la única vez que Dios pierde la paciencia con nosotros es cuando rehusamos una y otra vez aceptar cuánto él nos ama y que él quiere estar con nosotros a través de las batallas. Ciertamente, muchos cristianos hoy en día han regresado a un desierto de su propia creación. No tienen gozo, ni victoria. Al verlos, ¡cualquiera diría que hace años que Dios los ha abandonado! ¡No! ¡Es que él los ha entregado a su propias quejas y murmuraciones!
Gracias a Dios, Josué y Caleb entraron a la tierra prometida. ¡Y qué gozo tuvieron! Dios los bendijo de manera increíble. Estuvieron como árboles verdes en su casa hasta su muerte. Fueron hombres de poder y visión--¡porque ellos sabían que eran preciosos para Dios!
Tú también eres precioso para Dios, a pesar de todos tus problemas y fracasos. Y no importa cuales sean tus pruebas o luchas, puedes ser un árbol verde en la casa de Dios, como lo fueron Josué y Caleb. Simplemente confía en lo que su palabra promete: Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí. (Sal. 18:19). Esa es la base de una fe verdadera. ¡Amén!

David Wilkerson

Te invito a que te rindas y le pidas perdón al SEÑOR.

Padre en este momento en el nombre de Jesucristo tu hijo amado me rindo ante ti, y reconozco con mis fuerzas he querido solucionar todos mis problemas y la verdad no he tenido resultado solo decepciones y mis problemas son cada días mayores, pero el día de hoy quiero que me perdones todos mis pecados reconozco que te he fallado en (especificar aun sean muy difíciles y privadas e intimas) pero en este momento me acepto el sacrificio que hiciste en la cruz del calvario y se que en este momento me das una nueva oportunidad de seguir, ahora renuevo mis votos delante de ti y acepto tu perdón y justicia y todo lo que me agobia lo dejo en tus manos como dice tu palabra hecho sobre ti mi carga y acepto tu redención, en este momento te declaro como mi Señor y salvador sobre todas las cosas mi ayudador, y en este momento invito a tu espíritu santo que me fortalezca y me guíe por el camino adecuado porque se que el es el mejor guiador y confieso con mi boca que ya no estoy solo porque se que a partir de hoy tu serás mi amigo y ayudador, gracias señor. Y ahora me declaro libre por tu sangre y por el sacrificio que hiciste por mi en la cruz, gracias soy libre y se que hoy tengo la victoria. Amen.,

Cualquier comentario serán bien recibido y cualquier petición de oración lo tomaremos en cuenta

Este mensaje fue adaptado para el Refugio Cristiano