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"Cámbiame, Oh, Señor"
Por David Wilkerson

Últimamente me he sentido muy desalentado por lo que nosotros los cristianos llamamos consejería. Ahora mismo hay más consejeros cristianos adiestrados que en toda la historia de la iglesia. Y hay disponible gran cantidad de libros de ayuda personal y manuales sobre cómo manejar relaciones, ofreciendo consejo espiritual sobre todos los temas, desde matrimonio, acondicionamiento físico, hasta la crianza de los niños.
Sin embargo, trágicamente, ahora tenemos más individuos, matrimonios y familias perturbados en la iglesia que nunca antes. La confusión en los hogares cristianos hoy en día es indecible, y, amado, esto no debiera ser así.
Déjame decirte honestamente que no estoy en contra de la consejería cristiana. Muchas personas están respondiendo a la consejería que están recibiendo, y sus vidas, sus matrimonios y sus hogares están siendo sanados. De hecho, la consejería ha sido un ministerio importante en la iglesia de Jesucristo. Casi todas las congregaciones grandes en América tienen al menos un consejero a tiempo completo en su cuerpo administrativo. Aquí en Times Square Church, usamos unos cuántos consejeros.
Pero veo más y más cristianos perturbados que no responden a la consejería que reciben. Pueden ser ministrados por semanas, y aún meses, sin mostrar ningún resultado. Un pastor o consejero puede llevarlos paso a paso por las Escrituras, mostrándoles la clara verdad de la palabra de Dios. Les puede decir: Esto es lo que Dios dice sobre su problema. Él dice que se supone que usted haga esto" Les confronta con la realidad de que recibirán el juicio de Dios si no abandonan su pecado.
Sin embargo, este consejo no se recibe. ¿Por qué? Hay un velo espiritual sobre los ojos de esta gente. Tienen una terrible ceguera que no les permite ver su propia culpa y la necesidad de cambiar.
En muchas familias cristianas las personas se están atacando unos a otros, peleando amargamente. En algunos casos se están demandando unos a otros, llevando sus familiares a la corte. Las madres se enajenan de sus hijas, los padres no le hablan a sus hijos. Ellos claman que aman a Jesús, sin embargo, persisten en su ira, en su amargura. Es todo un caos.
Desde que comencé a pastorear me he encontrado en medio de muchas contiendas familiares. Y puedo testificar que pocas de esas guerras se pueden resolver sin la intervención sobrenatural. ¿Por qué? Todos quieren que la otra persona cambie.
Una de las partes envueltas me dice: ¿Por qué él es tan terco? Es terrible. Él necesita cambiar. Entonces escucho algo similar de la otra parte: ¿Cómo es que puede tener un corazón tan duro? Ella sabe que estoy haciendo lo mejor que puedo. ¿Es esto lo que recibo por ser bueno con ella?
Siempre es culpa de la otra persona, es la otra persona la que necesita ayuda. Por esto pienso que la consejería no tendrá algún impacto hasta que el pueblo de Dios tome una decisión. Todos tenemos que apropiarnos de esta oración cada día, de una manera sincera: Oh Señor, cámbiame a mí.
Pasamos mucho tiempo orando: Señor, cambia mis circunstancias cambia a mis compañeros de trabajo cambia la situación de mi familia cambia las condiciones de mi vida Sin embargo, en pocas ocasiones hacemos esta oración que es la más importante: Cámbiame, oh Señor. El problema real no es mi esposa, mi hermano, mi amigo. Yo soy quien necesita la oración."
Dios orquestra los pasos y las vidas de todos sus hijos. Él no permite que nos ocurra algo simplemente por que sí o por casualidad. Y eso significa que él ha permitido tu crisis. ¿Qué te está tratando de decir Dios a través de esa situación? Él te está diciendo que necesitas cambiar.
Nos guste o no, todos estamos en el proceso de cambiar, de una manera u otra. En la dimensión espiritual, no existe tal cosa como simplemente existir sino que estamos continuamente siendo cambiados para bien o para mal. Estamos siendo más como nuestro Señor, o más como el mundo; o crecemos más en Cristo o nos apartamos de él.
Así que, ¿estás cambiando para tener un espíritu más dulce como Jesús? ¿Te miras seriamente al espejo cada día y oras Señor, quiero ser más conforme a tu imagen en cada área de mi vida?.
O, ¿has permitido que la amargura se haya arraigado, convirtiéndose en rebelión y en dureza de corazón? ¿Has aprendido a escudarte de la convicción que producen la palabra de Dios y la voz de su Espíritu? ¿Están saliendo por tu boca cosas que alguna vez pensaste que un cristiano era incapaz de pronunciar? ¿Te estás endureciendo más allá de la posibilidad de cambiar?
Si esto está describiendo como tú te sientes, déjame hablarte llanamente: Nunca recibirás liberación hasta que cambies. Tu vida será más caótica y tu situación empeorará. Deja de defender tu causa, señalando a otros, justificándote. Dios no te alcanzará hasta que despiertes y admitas: Nada cambiará para mí a menos que yo cambie.
Clama honestamente al Señor en oración: Cámbiame, oh Señor. Escudríñame, oh Dios; muéstrame dónde he fallado y me he descarriado. Expón mi orgullo, mi ira, mi terquedad y mi pecado. Ayúdame a rendirlo todo.
¿Cuántos más expertos, consejeros, noches de soledad y luchas infructuosas tendrás que soportar antes de que despiertes a la verdad? Para que ocurra alguna sanidad o restauración, tienes que tomar responsabilidad. Tu milagro depende de que tú cambies.
La palabra de Dios muestra claramente dos pasos que tienes que tomar si deseas cambiar. Presta atención a esta palabra y experimentarás un cambio que perdurará:



1. Hay un velo sobre tus ojos, que te está cegando - y tiene que ser removido.

Pablo describe un cambio que tiene que ocurrir antes que sea posible que ocurra cualquier otro cambio:
Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido. Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen en el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.
Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. (2 Corintios 3:12-18).
En este pasaje, Pablo está hablando principalmente sobre la ceguera de los judíos con relación a Jesús como el Mesías. A la vez, el también está estableciendo un principio que aplica a todas las personas, sean judías o gentiles. Él está hablando el no poder ver a la verdad bíblica. Fíjate en el versículo 14: Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen en el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.
Por favor, entiende esto. La gente a la que Pablo escribió era sincera. Estudiaron fielmente los libros de Moisés, la ley y los profetas, los salmos de David. Reverenciaron la palabra de Dios, enseñando de ella y citándola libremente. Pero todavía tenían un velo sobre sus ojos.
Pensamos que hay un velo espiritual cubriendo los ojos de los judíos, los musulmanes y otros, que no les permite ver la verdad sobre Jesús. Sin embargo, también hay un velo cubriendo los ojos de muchos creyentes. Ellos leen las claras advertencias de Dios en las Escrituras, las escuchan cuando las predican con poder, sin embargo, no son afectados por ella. De hecho, ellos continúan haciendo las mismas cosas que denuncia la palabra de Dios. Considera estos ejemplos:
Jesús mismo dice: Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. " (Mateo 6:14-15).
¿Cuánto más claro puede ser Dios sobre este asunto del perdón? Sin embargo, muchos cristianos todavía tienen amargura, deseos de venganza. Dicen: Oh, he perdonado a esa persona, pero no están hablando de corazón. Y el Señor lo conoce.
Es posible que tal cristiano haya sido maltratado o despreciado por alguien su jefe, su esposa, un compañero de trabajo, un amigo. Ahora el piensa que se justifica tener ira o no perdonar. Sin embargo, la palabra nos dice que si él permite aunque sea una onza de falta de perdón en su corazón, sus pecados se comenzarán a acumular en contra de él.
Piensa en el terrible peligro en que se encuentra este cristiano. Día tras día sus pecados se amontonan. Sus oraciones no son oídas. Él está totalmente por su cuenta, siempre en peligro, su alma expuesta a los poderes satánicos. Y cuando él se presente ante Dios para ser juzgado, cada uno de sus pecados se levantará y lo acusará. Ni una de sus transgresiones habrá sido perdonada porque él no pudo perdonar a otros.
Él oirá al Señor decir: Te advertí, te llamé, te hablé tan llanamente como pude pero no quisiste escuchar. Más bien, persististe en no perdonar. Y ahora, yo no te perdonaré. Este será el resultado final de la ceguera espiritual.
Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que el aborrece el repudio [divorcio]... (Malaquías 2:16). La palabra establece muy claramente que Dios aborrece el divorcio. Sin embargo, muchos cristianos hoy le dicen a sus pastores o amigos: He orado con respecto a divorciarme de mi esposa y el Señor me ha dado su aprobación.
No. Dios responde a esta mentira directamente en el próximo versículo: Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia? (Versículo 17).
En otras palabras, el Señor está diciendo: Vas a la iglesia, me alabas y presentas una sonrisa cristiana. Sin embargo, traicionas a tu esposa y tratas mi palabra con engaño. Te he dicho que aborrezco el divorcio, sin embargo, lo llevas a cabo. Incluso lo llegas a considerar como algo bueno, diciendo que yo lo apruebo. Pero estás ciego. Rehúsas creer que te voy a juzgar por tu desobediencia.
Hoy en día la tasa de divorcios en los cristianos es tan alta como la de los no creyentes. Dime ¿es que la palabra de Dios es un chiste? ¿Se pueden poner sus advertencias a un lado como si fueran tan sólo sugerencias en vez de mandatos? No, nunca. Un velo cubre los ojos de la iglesia. Y Dios nos está advirtiendo: Toda la consejería del mundo no te servirán de nada si tú no obedeces mis mandamientos. Mi palabra tiene que convertirse en la regla de tu vida.
(Esto no es para censurar a aquellos que están divorciados. El divorcio es inevitable en algunas situaciones como por ejemplo, en casos de abuso físico, adulterio o cuando un esposo o esposa incrédula abandona el hogar.)
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan o persiguen. (Mateo 5:44) La blanda respuesta quita la ira (Proverbios15:1) Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo. (Efesios 4:26)
Mil consejeros te pondrán decir que tienes derecho a airarte, a sentir resentimiento, a no perdonar. Pero al fin y al cabo, sus palabras no cuentan. La palabra de Dios es la palabra final. Y si no le temes si no estás preparado para obedecer sus mandamientos en todo no tienes esperanza de liberación.
La Biblia habla clara y fuertemente a todos los que obedecerían al Señor. No puedes cambiar si persistes en mantenerte ciego a la palabra de Dios.

2. El velo se puede quitar solamente convirtiéndonos al Señor.

Pablo dice que para que se nos quite la ceguera tenemos que convertirnos al Señor. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. (2 Corintios 3:16). La palabra griega que se utiliza para convertir significa el invertir el rumbo. En resumen, Pablo está diciendo Tienes que admitir que el rumbo que estás tomando te ha llevado a estar vacío, a la ruina y a la desesperación.
Si estás en confusión si hay algo mal en tu vida y las cosas se están deteriorando ahora sabes que tendrás que cambiar el rumbo. Puedes pensar: Es mi esposo el que está mal. Estoy esperando que él cambie. O Mi esposa va a la ruina a menos que cambie. O Mi jefe está mal. Algo tiene que cambiar en él.
Nosotros vemos claramente los errores y las malas acciones de otros. Sin embargo, no vemos nuestra propia necesidad de cambiar. Tenemos que hacer una pausa para enfrentar la realidad para admitirle al Señor: Señor, yo soy quien necesita cambiar. Por favor, Padre, muéstrame en qué me he desviado.
¿Cómo puedes cambiar tu rumbo? ¿Cómo puedes convertirte al Señor y quitarte el velo de tus ojos? Aquí está la receta que Pablo nos da para el cambio:
1. El cambio es una obra exclusiva del Espíritu Santo. ¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? (2 Corintios 3:8) Nosotros simplemente no podemos cambiarnos a nosotros mismos. Solamente el Espíritu de Dios nos puede conformar a la gloriosa imagen de Cristo. Todos los hemos oído decir: Cuando una persona se convierte al Señor, Dios quita el velo de sus ojos. Esto es solamente obra del Espíritu.
También leemos: Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. (versículo 17). La palabra libertad aquí significa que ya no se es un esclavo, exento de deudas, libre, desencadenado. Esto describe la libertad que recibimos cuando se abren nuestros ojos. De repente, podemos ver las cosas en una nueva luz. Solamente el Espíritu Santo puede romper la manera en que hemos visto las cosas por toda una vida, solamente él puede convertirnos y encaminarnos en el rumbo correcto.
En resumen, esta conversión que Pablo habla aquí significa confiar completamente en el Espíritu de Dios. También significa el alejarnos de toda consejería que no sea basada en la Biblia, de todas tus propias ideas y planes, y clamar solamente al Espíritu Santo para que te dirija y te guíe.
Pablo experimentó este tipo de conversión. En Hechos 9, cuando todavía se conocía como Saulo, él estaba en un rumbo incorrecto. Hablando de tener un velo cubriendo sus ojos él estaba yendo a Damasco para allí perseguir a los cristianos. Saulo realmente pensaba que le estaba haciendo un favor a Dios arrestando a los creyentes y enviándolos a la cárcel.
Pero el Señor interceptó a este hombre y creó una crisis en su vida. Cuando Jesús se encontró con Saulo en el camino a Damasco, le golpeó con una luz tan poderosa que literalmente le dejó ciego. Saulo, ciego, tuvo que ser guiado hasta una casa en Damasco, donde permaneció hasta que el siervo de Dios, Ananías, llegó. Ananías le dijo:
... Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo... (Hechos 9:17)
Saulo rindió su pasado, su presente, todo al Espíritu Santo e inmediatamente se le quitó el velo de sus ojos.
2. El cambio también requiere lo que Pablo llama una cara descubierta. El escribe: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor... (2 Corintios 3:18). La raíz de la palabra cara descubierta aquí tiene un significado impresionante. Significa que estoy totalmente comprometido a permitirle a Dios que exponga toda cosa oculta de tu corazón con el fin de ser liberado definitivamente de ella.
Esta cara descubierta clama: Escudríñame, Señor, mira si en mí hay camino de perversidad. Muéstrame si estoy viviendo contrario a tu palabra. Quiero ser libertado de todo lo que no es tuyo. Quita mi orgullo, mis ambiciones, mi intelecto egoísta, mi razonamiento. Sé que no puedo encontrar la salida a mi situación. Espíritu Santo, necesito tu poder y tu sabiduría. Dejo ante ti toda esperanza que tengo de poder resolver las cosas a mi manera.
Para muchos creyentes, esto es muy difícil de hacer. Durante toda su vida como creyentes, han sobrevivido por sus propios ingenios, por su propia sabiduría. Y ahora se les hace muy difícil admitir que han echado las cosas a perder y que necesitan rendir el control de sus vidas.
Hace unos años atrás el Señor tuvo que quitar mi orgullo en esta área. Ahora, gracias al Señor, admito libremente cuando he echado las cosas a perder. Mi oración constante es: Dios, cometo tantas torpezas. Cometo errores tan terribles, me meto en tantos líos. Por favor, Señor arréglalos tú. Yo no puedo arreglarlo. Sólo tú puedes. Gracias a Dios, él se deleita en arreglar nuestros líos cuando nosotros procuramos hacer su voluntad.
El cristal que Pablo menciona en este pasaje es un espejo. Y, amado, nuestro espejo es la palabra de Dios. Ella es la única que nos refleja con exactitud nuestra condición. Pablo nos dice: Ve al espejo de la verdad de Dios, y contempla tu vida. Dile al Señor que estás en el rumbo incorrecto y que deseas cambiar. Pídele a su Espíritu que te humille y que te abra su palabra. No prestes atención a los consejos de otros, a tus propias ideas, a tus propias maquinaciones. Más bien, vuélvete al Espíritu Santo en completa confianza. Cree lo que él te dice.
Si confías en el Espíritu Santo solamente, alejándote de todas las otras ayudas, él quitará el velo de tus ojos. El también enviará a tu vida personas dirigidas por el Espíritu Santo y tú comenzarás a cambiar en ese mismo momento.
3. Pablo concluye que poco a poco somos transformado a la semejanza de Cristo. Este proceso simplemente no ocurre de un día para otro. Ocurre lentamente... paso a paso... según le buscamos y obedecemos su palabra: Somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2 Corintios 3:18).
Puede ser que tú no lo sienta, pero estás cambiando cada vez que abres las Escrituras y lees la palabra de Dios con un corazón abierto, cada vez que te arrodillas y sacas tiempo de calidad para estar con el Señor, cada vez que clamas al Señor para que te guíe y te enseñe. A lo mejor piensas que no estás progresando nada pero sí estás progresando.

Pablo nos muestra tres evidencias maravillosas del cambio que el Espíritu Santo opera en nosotros

El Espíritu procura traer estos tres cambios maravillosos a nuestras vidas:
1. El primer cambio es un aumento en el conocimiento de que Dios va a ser misericordioso con nosotros a lo largo de toda nuestra prueba. Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. (2 Corintios 4:1).
Este es el ministerio misericordioso que hemos recibido del Espíritu Santo: Él abre nuestros ojos a las tiernas misericordias de Cristo para nosotros. Él implanta en nosotros un conocimiento interno de que el Señor está de nuestro lado, que él es por nosotros. Y él nos muestra cuán comprometido está el Señor para librarnos de caer cuánto él se compadece por lo que estamos pasando, cuánto nuestros sentimientos y nuestras flaquezas le afectan a él.
Puede ser que ahora mismo estés sintiendo que has sido abusado o que nadie te ama. El diablo te podría estar haciendo creer que Dios te ha abandonado a tu propia suerte que mereces sufrir, que todo ha terminado para ti, que no hay esperanza. Amado, esas son mentiras del infierno. Más que todo, Dios desea quitar de ti el concepto pervertido que tienes de él. El te ama tiernamente y ha establecido un tiempo para otorgar todas sus misericordias sobre ti.
David lloró miserablemente al sentirse abrumado por su situación: Mi corazón está herido, y seco como la hierba, por lo cual olvido de comer mi pan... Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado. Cada día me afrentan mis enemigos... Y mi bebida mezclo con lágrimas... Mis días son como sombra que se va... (Salmo 102:4, 7-9, 11). Él gimió: Estoy en una condición terrible física, mental y emocionalmente.
Y fue en ese mismo momento que Dios determinó liberar a David. Y el Señor se movió rápidamente en misericordia, le ayudó y le confortó. David testificó: Te levantarás y tendrás misericordia de Sión, porque es el tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado. (Salmo 102:13).
Dios estableció un momento para librar a David en su hora más difícil cuando él pensaba: He sido reducido a nada. De la misma manera, hoy, Dios ha establecido una hora para librarnos y enviar su favor sobre nosotros y esto generalmente ocurre en el peor momento de la prueba. Ese es el momento en el que ya no luchamos para hacer las cosas a nuestra manera. Más bien, admitimos: Señor, no puedo todo esto es un lío. Te lo entrego a ti.
2. El segundo cambio que ocurre es que ya no estamos abrumados por pensamientos de derrota, de darnos por vencidos: ... según la misericordia que recibimos, no desmayamos. (2 Corintios 4:1).
Dios quiere que quitemos nuestros ojos de las circunstancias y que dejemos de enfocarnos en lo mal que están las cosas. La verdad es que puede ser que nuestros problemas no terminen pronto. De hecho, podrían empeorar. Y él sabe que si nos enfocamos en cambiar nuestra situación, caeremos más profundamente en ansiedad y depresión. Nos cansaremos y desmayaremos, perdiendo nuestra esperanza.
Según el Señor revela su misericordia hacia nosotros, nuestro desmayo comenzará a desaparecer. Pronto comenzaremos a crecer en la seguridad de que Dios está obrando en nosotros. Y nada satisface más a nuestro ser interior que saber que Dios tiene su mano sobre mí. No he llegado todavía pero sé que estoy en la dirección correcta. Me estoy moviendo hacia el Señor.
Cada día tu fe se fortalecerás más. Él plantará en ti su paz y su reposo. Y tú te podrás levantar tan alto sobre tus circunstancias, que nada te podrá llevar a desesperarte otra vez.
3. El tercer cambio que ocurrirá en nosotros es una renuncia total a las cosas ocultas y deshonestas. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. (2 Corintios 4:2) Esto significa que ya no iremos a las Escrituras tratando de justificar nuestro pecado. No buscaremos excusas para hacer el mal.
Dios desea que nuestra vida sea un libro abierto. Por lo tanto, él anhela que quitemos de nuestra vida todo pecado oculto toda deshonestidad, las cosas clandestinas, engaños, mentiras, fraude. Por eso es que el Espíritu Santo busca cada cosa en nosotros que no es semejante a Cristo, Y si de verdad queremos cambiar, estaremos dispuestos a que él trate con nosotros.
Hasta que experimentes el cambio de Dios en cada una de estas áreas, te puedes olvidar de recibir consejería, consultar programas de auto-ayuda, o de restaurar relaciones. Pon todo a un lado por el momento, hasta que estés listo a renunciar a todo tu pecado oculto.
Cuando te hayas sometido a la palabra de Dios y al poder transformador de su Espíritu, no será necesario que convenzas a otros de que has cambiado. Según caminas en su verdad, el Espíritu Santo te recomendará a las conciencias de los que están a tu alrededor, ...por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios.
La palabra griega para recomendar aquí significa aprobación de Dios. Pablo dice: No tendrás que impresionar a nadie de que tú has cambiado. Dios se moverá en sus conciencias, diciéndoles en su interior: Esta persona tiene mi bendición y mi aprobación.
Ningún argumento podrá refutar la evidencia interna que el Espíritu de Dios ha puesto en ti. De hecho, tu cambio atraerá a otros o será como una reprensión para ellos. El aura de Cristo que emana de ti será como un golpe a sus propias conciencias. Y será entonces cuando encontrarás el poder para influenciar a otros a través de los cambios que están ocurriendo en ti. Encontrarás que se restaurarán relaciones. Y podrás recuperar tu autoridad espiritual en tu hogar.
Ya no seguirás pensando en los cambios que tienen que ocurrir en otros. Más bien, te animarás con los cambios que Dios está obrando en ti. Concluirás: Señor, sé que todo está en tus manos. Me entrego a tu voluntad. Haz en mí lo que tengas que hacer.
Ahora es el momento para dejar todas nuestras circunstancias en sus manos. Olvídate de tratar de salir de tu crisis. Más bien, enfócate en el Señor que te está cambiando y haciendo de ti un vencedor. Permanece en su palabra. Clama a su nombre diligentemente. Confía en el Espíritu Santo. Y que este sea el clamor constante de tu corazón: Cámbiame, oh Señor.

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